miércoles, 1 de mayo de 2019

    Reflexión del día

Hace mucho tiempo, mi corazón estaba lleno de rencor y de rabia. Mi papá había
preferido a otra mujer y otros hijos, nos había dejado a mí y a mi mama a la deriva. Me
encontraba muy enfadado puesto que no entendía el por qué había sucedido todo eso. Su
deslealtad hacia mi madre solo hacía que yo tuviera desconfianza de todos los hombres.
Pasaron algunos años, tenía 16 años y solo pensaba en herir a todas las personas que
me hacían algo, por más mínimo que fuera, no quería permitir que se repitiera lo del pasado.
Un día, caminaba por la calle y me encontré con una joven llorando y llena de ira, me contó
que su pareja le era infiel; entre lágrimas y deseos de hacer una locura, la joven se paró recta
y dijo “Soy más fuerte que esto, tengo que seguir, no es bueno tener rencor en el corazón” y
se marchó.
Aquella joven, me dejo pensando todo el día y toda la noche, tenía razón. Yo estaba
llena de resentimiento y eso no era bueno, debía disfrutar la vida como si no hubiera un
mañana...

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